Enfermedades infecciosas como la viruela, la neumonía, diarreas por rotavirus, la malaria y el sarampión han causado estragos y muerte durante siglos en la población humana. Las huellas dactilares de estas enfermedades mortales se pueden encontrar en las páginas de la historia.
Ya en el año 460 aC, Hipócrates describía los terribles efectos de la neumonía. Cicatrices de viruela se puede observar en momias egipcias de más de 3.000 años de antigüedad. El filósofo y médico persa Rhazes, ha detallado la devastación que provocó el sarampión el siglo 10.
Sin las ventajas de la medicina moderna, nuestros antepasados tenían poca o ninguna defensa contra las enfermedades infecciosas, y las tasas de mortalidad eran altísimas. En 1531, por ejemplo, el sarampión era responsable de la muerte de la mitad de la población de Honduras. Además, algunas estimaciones históricas indican que las tasas de mortalidad durante las epidemias de viruela entre los nativos americanos en la primera parte del siglo 15, era de hasta el 90%.
















